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miércoles, 6 de octubre de 2010

Dios es Fuente de Paz en Medio de la Angustia

“Volvió el mar en seco; ellos pasaron a través de las aguas a pie…” Salmos 66.6

En los momentos más angustiosos de nuestra vida, tenemos que confiar en el Dios todopoderoso, El es el mismo Dios de ayer y el mismo Dios de hoy, El es el Dios de toda esperanza que prometió estar con nosotros siempre en toda circunstancia como lo es la enfermedad, el divorcio, la muerte, la perdida de seres queridos, y aunque nuestra confianza en las promesas de Dios, parece desvanecerse en los momentos difíciles de nuestra vida, El permanece fiel.

Así que recuerda la historia bíblica cuando Dios de manera asombrosa salva al pueblo de Israel. El pueblo escogido de Dios ha sido la nación de Israel, el pueblo amado que compró con su preciosa sangre y El ha prometido protegerlo aun en los tiempos difíciles. El es el mismo Dios que continua obrando con nosotros igualmente.

Los viajeros que hoy en día pasan a través del Mar Rojo y el Rio Jordán, siempre tendrán que regresar al pasado y ver la grandeza de la bondad y la misericordia de Dios, al recordar a los hijos de Israel quienes “Pasaron a través de las aguas a pie”.

“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” Isaías 43.2

Aguas…ríos…fuego…llama. Muchos peligros simbolizados por estas palabras han confrontado a los israelitas en el trascurso de los siglos.

Estos mismos peligros enfrentamos nosotros hoy, porque cuando enfrentemos la muerte al pasar por las aguas, siempre debemos recordar que iremos tomados de la mano de Dios, que aunque los ríos vengan como problemas, y la angustia entre en nuestro corazón y la tristeza embargue nuestra alma, nada nos podrá ahogar.

Que aunque pasemos por el fuego, por la más ardiente prueba, al asumir y enfrentar la muerte de un ser amado, cuando el dolor y la soledad te queme los huesos, la promesa permanece firme que nosotros nunca seremos quemados, ni tampoco la llama podrá arder sobre nosotros; porque siempre tendremos a ese mismo Dios sustentador que nos ama, nos ha escogido y siempre nos llamara por nuestro nombre.

Como Dios ha prometido a la nación de Israel, su pueblo escogido, que vivirá en medio de cualquier prueba, de la misma manera la promesa es para nosotros hoy, que aunque vengan las aguas, los ríos, el fuego o las llamas aun permaneceremos y seremos sustentados porque Dios ha prometido protegernos como lo hizo con su pueblo escogido también lo hará con nosotros hoy en día.

Reclama las promesas de Dios porque…

“Dios no te llevara…


A aguas que Él no pueda dividir,

A riberas que Él no pueda cruzar,

Ni a dolor que Él no pueda sobrellevar.

Confía en Él para lo inesperado,

Y deja que te sorprenda y te deleite,

Al hacer lo inexplicable.

Obstáculo (Rio Jordán) Paso de Obediencia (las Sandalias Secas)

Querido Padre Celestial guíame para pasar a través de las aguas de aflicción y dolor, y protégeme como lo hiciste con el pueblo de Israel dame un corazón agradecido y dispuesto a permanecer en tu mano.

lunes, 21 de junio de 2010

Cuando las cargas se transforman en un par de alas

              “Y yo te hare subir sobre las alturas de la tierra” Isaías 58.14
Una de las primeras reglas de la aerodinámica es que los aviones al volar contra el viento aumentan rápidamente su altura, por esto las alas de los aviones son diseñadas con mayor peso para que generen mayor elevación y logren altura y estabilidad.

Esta es una lección que podemos aprender, al mirar volar a los pájaros. Si un pájaro está volando simplemente por placer, vuela con el viento; pero cuando detecta algún peligro, comienzan a volar en contra de este para ganar altura y volar hacia el sol.

Los sufrimientos de la vida son como los vientos de Dios, algunas veces ellos soplan contra nosotros y son fuertes, y otros son como huracanes que nos toman y elevan nuestras vidas a inmensas alturas llevándonos hasta el mismo cielo, así como ha sucedido con mi propia vida; la perdida de mis padres, ha venido sobre mí como un viento de tormenta, un huracán, un ciclón, que me ha tomado llevándome a estar más cerca de Dios, dejándome vulnerable, dispuesta y con una necesidad más intensa de buscarlo con todo mi corazón.

Imaginemos un día de verano, cuando el calor y la humedad desesperan al punto tal que se hace difícil respirar, pero repentinamente aparece una nube oscura en el horizonte, que se hace mas y mas grande y la frescura que se siente es una experiencia incomparable, pero luego ruge una tormenta, se ilumina un relámpago y retumba un trueno, y cuando la tormenta cubre el cielo, la atmosfera se limpia dando paso a una nueva vida que estaba envuelta y escondida en el aire y el mundo cambia.

La vida humana trabaja exactamente con el mismo principio, cuando las tormentas de la vida aparecen, la atmosfera es cambiada, purificada, llenada con una nueva vida y aunque soportar la carga del peso aplastante del dolor, la perdida y la muerte, a veces parece insoportable de llevar, es allí precisamente donde Dios da alas para volar y llegar hasta su misma presencia, en medio de la desesperación y la angustia.

El Salmo 55 lo escribió David, en una de las épocas más difíciles y oscuras de su vida, durante la rebelión de su propio hijo Absalón y la traición de su mejor amigo Ahitofel, aun teniendo el corazón de Dios y estando muy cerca de EL, David tuvo momentos en los que quería huir de todo y escapar de los problemas y presiones de la vida. “Y dije: ¡Quien me diese alas como de paloma! Volaría yo y descansaría” Salmo 55.6.

Todavía antes de terminar su meditación, el parece haberse dado cuenta de que su deseo de alas era posible, porque entonces dijo: “Echa sobre Jehová tu carga, y El te sustentara” Salmo 55.22 Dios quiere llevar nuestras cargas, y nosotros debemos confiar en El aun cuando los obstáculos de la vida nos envíen a bosques implacables de dolor.

Entre más pesadas sean las cargas que Dios nos ha dado, mayor será nuestra dependencia, búsqueda y cercanía a Dios, las cargas de los santos son las que Dios da, que vienen directamente de su mano, y una vez que aprendamos a depender y confiar en Él, la carga se transforma en un par de alas y podremos exclamar: “Pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas” Isaías 40.31.

Y al esperar, nuevas fuerzas yo tendré y me levantare como las águilas por el poder de tu amor…


Querido padre celestial, gracias por la carga que me has asignado a mí, por el peso aplastante del dolor y la perdida, enséñame a cada día depender más de ti, y con mi carga pesada volar mas en contra del viento y alcanzar las alturas de los cielos, sintiendo tu presencia, tu cuidado y tu fortaleza en mi vida cada instante.

domingo, 14 de marzo de 2010

Cuando Dios trae Lluvias de Bendicion


“Yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite” Dt. 11.14

La historia del pueblo de Israel nos enseña acerca de la provisión y fidelidad de Dios; siempre debemos recordar Sus bendiciones hacia su pueblo escogido Israel, así como la lluvia que regaba la tierra y multiplicaba los frutos en el tiempo antiguo-testamentario, también así mismo El ha Producido en nosotros lluvias de bendición que sobreabundan, haciéndonos recordar Su provisión y su fidelidad por siempre, de generación en generación.

La siguiente ilustración nos enseña acerca del beneficio de la lluvia. Un poeta se encontraba parado junto a una ventana observando una lluvia en tiempo de verano, era un fuerte aguacero que golpeaba la tierra con fuerza; pero el poeta ante los ojos de su mente, El observaba mas allá que una fuerte lluvia cayendo, El veía millares de lindas flores resaltando su frescura con una sin igual belleza y fragancia, entonces El canta:

“No está cayendo lluvia sobre mí, está lloviendo sobre los Jacintos;
En cada gota que cae yo veo las flores silvestres sobre las montañas
Una nube gris que absorbe el día y oscurece la ciudad
No está cayendo lluvia sobre mí, está lloviendo sobre las Rosas”…



Cuando nos encontramos enfrentando pruebas y problemas como “hijos de Dios” llegamos ante Él y le decimos “Oh Dios, está lloviendo muy duro sobre mí esta noche, y esta prueba esta mas allá de lo que yo puedo aguantar".

Si solo creyéramos en las palabras del Padre, nos daríamos cuenta que por debajo donde golpea la lluvia están las “flores espirituales” renaciendo, y ahora son más hermosas y fragantes que nunca antes y no hubrian crecido bellas y libres, si el sufrimiento y el dolor no hubieran hecho su aparición.

Con la muerte de mis padres hace 9 meses he recibido una "lluvia torrencial de aflicción" con una alta intensidad de sufrimiento, que a veces va mas allá de mis fuerzas, y que golpea profundamente mi alma y mi corazón.

Pero tal vez mi visión ha estado equivocada, ya que Dios no está haciendo caer "lluvia de aflicción" sobre mí, sino haciendo "llover Bendiciones” a través de mi. No está lloviendo sobre mí, sino también sobre esos jacintos en dolor, sobre esas flores silvestres en sufrimiento y sobre esas rosas en luto.

Nosotros, podemos ver la lluvia pero también podemos ver las flores; durante el sufrimiento a través de las diversas pruebas Dios ve "flores de fe" renaciendo en nosotros, surgiendo en nuestras vidas, cumpliendo un propósito divino; podemos probar escaparnos del dolor y aun El nos ve con ternura y compasión, por que desea darnos alivio a nuestras cargas.

Cuando las cargas encojen nuestro corazón de dolor, y el peso de este proceso de duelo parece interminable, Dios ve lo más profundo de nuestro ser y hace que nuestra tristeza, angustia, dolor, soledad, nos enriquezcan y profundicen nuestra vida y nos hagan mejores hijos, y mejores seres humanos.

No, Dios no hace llover aflicciones sobre nosotros, El está haciendo llover ternura, amor, compasión, paciencia y muchos otros frutos del Espíritu Santo, que dan a nuestra vida espiritual enriquecimiento, prosperidad. Son flores y frutos que nunca antes se podrían producir, sin el sufrimiento, el dolor y la perdida.

“Y llamo el nombre del segundo Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción” Gn. 41:52

Efraín, palabra hebrea que significa “fructífero”, fue el segundo hijo de José, el soñador, menor de doce hermanos, hijo favorito de Jacob, a quien su entrenamiento para ser el Gobernador de Egipto, incluyo ser esclavo primero y luego prisionero, fue moldeado su carácter a través del sufrimiento, pero su conocimiento personal de Dios permitió que sobreviviera y prosperara donde muchos habían fracasado.

Querido Padre Celestial, gracias por las bendiciones que vienen detrás de las lluvias de aflicción, permite que mi vida refleje los frutos de tu Santo Espíritu y pueda ser de ejemplo a otros que han pasado o están pasando por una experiencia similar.